El ritmo del progreso en el mundo está marcado por el desarrollo de la tecnología. Vivimos condicionados por los avances tecnológicos: somos tecnodependientes. Se escuchan expresiones como:“ponete las pilas” o “recibí un e-mail”
La presencia de las TIC facilitan nuestra vida cotidiana pero también la condiciona. Cuando algún sistema tecnológico falla se generan problemas impensables.
El 15 de agosto de 2003, con 35º C de temperatura, se produjo un apagón , desde Nueva York (EE.UU) hasta Toronto (Canadá). Miles de personas quedaron atrapadas y a oscuras en edificios y trenes subterráneos, los aeropuertos de esa zona quedaron sin energía. El servicio de trenes subterráneos quedó suspendido y el servicio de teléfonos celulares interrumpido. Los supermercados y shoppings cerraron sus puertas. Cientos de miles de personas tuvieron que caminar por calles sin semáforos para llegar a sus hogares. Este sería un problema provocado por la tecnodependencia. Su acelerado avance genera polémicas y debates, también marca las diferencias de los países desarrollados (con mayor desarrollo tecnológico), que tienen ventajas económicas sobre los países subdesarrollados que no la poseen. El mismo problema se ve reflejado en la sociedad, poniendo en evidencia una brecha digital (entre los que tienen acceso a estas tecnologías y los que no).
El hombre frente al mundo natural siente la necesidad de conocerlo, con el objetivo de controlarlo y modificarlo para adaptarlo a sus necesidades y lograr un mejor confort en la vida. El concepto de ciencia y técnica están implícitos en el de tecnología. El deseo de conocer lleva al hombre a indagar (actividad científica), generando alguna acción producto de la indagación (tecnología). La tecnología se basa en el aporte científico, en cambio la técnica es una resultante de la experiencia social.

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